¿Ansiedad social? ¿Baja autoestima?
«Humor que dice por ti lo que no te apetece explicar»
Estarás pensando… ¿Y de qué va esta web? Pues te voy a dar dos versiones, la corta y la larga.
Vamos con la corta.
Vendo camisetas. Y tote bags. Y tazas.
Y además tengo una newsletter para que te apuntes, te está esperando.
¿Y para qué quieres tú mi newsletter? Pues lo primero es que te prometo que no voy a ser pesado, si te suscribes te escribiré un par de veces por semana (como mucho).
Nada de coach motivacional ni esas mierdas. Solo historias reales (o no) para que veas que no eres el único bicho raro. Y además tendrás acceso a los diseños de camisetas y demás cachivaches que solo alguien como tú (y como yo) se atrevería a usar.
Y un regalo por apuntarte, claro: la Guía de supervivencia social.
Pero ya que has llegado hasta aquí te cuento la versión larga, que te voy a cobrar lo mismo, y en el tiempo que la lees no te estarás gastando la pasta en Amazon ni viendo vídeos de gatitos en Tiktok.
Si te pones a googlear encontrarás cientos de páginas de gente contándote cómo ha superado estas mierdas, y miles de frases súpermotivadoras en tonos pastel. Si a ti te sirven, entonces estás de enhorabuena: tienes material a patadas. A mí desde luego nunca me han servido para nada.
A mí lo único que me sirve es convivir con ello: asumo que soy así. Y si tuviera una autoconfianza como la de Lady Gaga o Justin Bieber (que aseguró su pene por 5 millones de dólares) pues no sería yo, sería otra persona.
Y una de las cosas que me ayuda en las situaciones cotidianas es el humor.
Reírme de mí mismo, de las situaciones que se generan, y de todo en general.
Pensar en algo gracioso le quita hierro a algo que vayas a afrontar, qué sé yo: me voy a la peluquería y me veo ahí sentado con los cuatro pelos y con el resto de clientes mirando, y en lugar de pedir que me trague la tierra, le digo al peluquero que me lo deje como a Jason Momoa (y si no se lo digo, al menos lo pienso).
Con los años desarrollas una serie de frases «comodín» que te ayudan a esquivar situaciones o preguntas incómodas.
Como por ejemplo cuando algún semidesconocido me pregunta «¿Cómo estás?» (clásica pregunta de conversación vacía de ascensor), pues yo suelo contestar «Pues del cero al diez, la E».
O también la contestación que da título a esta web: «Bien (supongo)».
Y he pensado que poner algunas de esas frases o situaciones a camisetas, tazas, tote bags y otros artículos pueden ser muy útiles para esa convivencia con «la gente normal», así no tienes que dar explicaciones: la camiseta ya habla por ti. O la llevas debajo del jersey, pero saber que la tienes cerca al menos te levantará media sonrisa.
Fin de la versión larga.
Ya puedes volver a Amazon a gastarte la pasta, o a ver vídeos de gatitos en TikTok. Y si quieres que sigamos hablando (no por teléfono), suscríbete a mi newsletter.
Vamos con un ejemplo, por si no te ha quedado muy claro. Te describo la escena.
Te preparas para tu momento de tranquilidad, ese rato en el que te pones los cascos y te vas a dar una vuelta por ahí buscando relajación.
Un paseo agradable escuchando a tu grupo favorito y contemplando el paisaje (bueno, no nos vengamos arriba, que son calles con contenedores de basura hasta arriba, esquivando «minas» de perro y patinetes que se te cruzan sin avisar).
Pero es tu momento diario para escapar un poco de la rutina y pensar en tus cosas.
Y de repente… A la mierda.
Ese compañero de la uni que no veías desde 2018, que ya en su día no te caía muy bien porque es más pesao que un collar de melones.
¿Y si te paras en seco y no mueves ni un músculo? No, eso solo funciona con los T-Rex.
Se te enciende en el cerebro la alarma de conversación vacía:
- «Cómo estás? ¡Cuánto tiempo sin verte!»
- «¿Qué tal todo? ¿Cómo te va la vida?«
- «A ver si quedamos un día a tomar algo»
Definitivamente, no es un T-Rex. Te ha visto. Viene directamente hacia ti. Y se le ve que tiene ganas de hablar. Y tú no.
¿Cómo hacerle entender que tienes prisa, que no te puedes parar, o simplemente que te apetece más derramarte un capuccino hirviendo por la espalda antes que hablar con él?
Pues muy fácil: con un sencillo gesto.
Conforme se te acerca, te llevas una mano a la chaqueta, la entreabres un poco, y le muestras tu nueva camiseta.
Esa que dice: «No te ignoro, estoy en modo avión».
Sencillo e indoloro. Sigues tu camino. Reto superado.
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